La estrategia ha sido recibida con aprobación por Rusia, pero ha suscitado críticas e inquietud entre líderes europeos y latinoamericanos por su tono intervencionista y su aparente desdén por los valores democráticos tradicionales.

El documento de 30 páginas cambia significativamente el enfoque de estrategias anteriores.

En lugar de centrarse en adversarios estatales tradicionales, enfatiza la defensa del territorio estadounidense contra amenazas como la “migración descontrolada”. Para América Latina, la prioridad es la “lucha contra el narcotráfico”, lo que justifica el despliegue militar en el Caribe. La referencia explícita a la Doctrina Monroe, calificada por un analista como el “Corolario Trump a la doctrina Monroe”, ha generado especial preocupación en la región por sus connotaciones intervencionistas. Mientras tanto, en Europa, la estrategia ha sido vista como una “amenaza de injerencia” y un ataque a los valores europeos.

En un marcado contraste, el Kremlin acogió favorablemente el documento, afirmando que es “globalmente conforme” con la visión de Moscú y que “concuerda con Rusia”. Este alineamiento ha sido destacado por el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, quien señaló que la estrategia de Washington coincide con los intereses rusos.

La nueva doctrina refleja un cambio introspectivo en la política exterior de EE. UU., priorizando la seguridad interna y adoptando un enfoque pragmático que parece favorecer las relaciones con potencias como Rusia en detrimento de sus alianzas tradicionales.