La relación entre Estados Unidos y Venezuela ha alcanzado un punto crítico, marcado por una intensa presión militar y un sorpresivo canal de comunicación directa entre Donald Trump y Nicolás Maduro. Una llamada telefónica entre ambos mandatarios, confirmada por Trump, se produjo en medio del despliegue militar estadounidense en el Caribe y de un presunto ultimátum para que Maduro abandone el poder. Según múltiples informes, la conversación de menos de 15 minutos giró en torno a las condiciones para una posible salida de Maduro. El líder venezolano habría solicitado una amnistía total para él, su familia y más de 100 funcionarios, el levantamiento de sanciones y el cierre de su caso en la Corte Penal Internacional. A cambio, Trump habría rechazado las peticiones, ofreciendo únicamente una semana de plazo para que Maduro saliera del país con su familia hacia un destino de su elección. El plazo habría vencido el 29 de noviembre, tras lo cual Trump declaró el espacio aéreo venezolano como “cerrado en su totalidad”, una medida que varias aerolíneas acataron.
Maduro, por su parte, ha calificado la ofensiva estadounidense como “terrorismo psicológico” y ha evitado referirse públicamente a la llamada, aunque sí confirmó que tuvo una conversación “cordial” y “respetuosa”.
En respuesta a la presión, el Pentágono afirmó tener un plan de contingencia listo para activarse en caso de que Maduro abandone el poder, asegurando que están “a disposición del presidente (...) para hacer lo que sea necesario”.
En resumenEl diálogo directo entre Trump y Maduro, aunque infructuoso, revela la complejidad de la crisis venezolana. La fallida negociación, seguida de un aumento en la presión militar y diplomática por parte de Washington, ha dejado a la región en vilo, con un escenario de alta incertidumbre sobre una posible escalada del conflicto.