Juan Orlando Hernández (JOH), quien fue condenado por colaborar con redes que enviaron toneladas de cocaína a Estados Unidos, fue puesto en libertad tras el indulto presidencial. Esta medida contrasta fuertemente con la política de “mano dura” de Trump, que incluye amenazas de ataques militares a países como Venezuela y Colombia por su presunto papel en el narcotráfico. El indulto se produce en un momento políticamente sensible, en medio de las elecciones presidenciales en Honduras. Analistas y medios de comunicación han interpretado la acción como una injerencia directa en la política hondureña, destinada a respaldar al candidato de ultraderecha Nasry Asfura, del mismo partido que Hernández. La medida es vista como un intento de asegurar un régimen dócil a los intereses de Washington en la región. Críticos, como el docente Carlos Andrés Rodríguez, califican el mensaje de Trump como de “doble rasero”, ya que socava la credibilidad de la lucha antidrogas de Estados Unidos al perdonar a un líder condenado por los mismos delitos que dice combatir con tanta vehemencia en otros países.