Estas acciones, dirigidas por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), han generado un clima de miedo en las comunidades migrantes y han sido denunciadas como maniobras de intimidación política.

La “Operación Catahoula Crunch” en Nueva Orleans, que podría resultar en hasta 5.000 detenciones, sigue un patrón similar a operativos previos en Charlotte y Chicago. Equipos especiales de la Patrulla Fronteriza fueron desplegados para detener masivamente a migrantes de México y Centroamérica, aunque el DHS insiste en que el foco está en aquellos con “historial criminal”.

Sin embargo, las imágenes difundidas muestran un objetivo heterogéneo, incluyendo ciudadanos de Jordania y Vietnam.

El impacto en la comunidad ha sido severo: padres temen enviar a sus hijos a la escuela, comercios han reducido sus horarios y miles de personas permanecen encerradas. Líderes locales, como el concejal Matthew Willard, denuncian que la operación carece de lógica de seguridad pública, ya que Nueva Orleans no presenta altos índices de criminalidad, y la consideran una maniobra de poder político contra una ciudad que vota mayoritariamente en contra de Trump. La operación es dirigida por el jefe de la Patrulla Fronteriza, Gregory Bovino, cuyos métodos en Chicago fueron criticados por el uso de gases lacrimógenos y resultaron en dos muertes. Organizaciones locales replican tácticas de alerta y defensa de derechos civiles para mitigar el daño.