La respuesta del presidente colombiano, Gustavo Petro, fue contundente, invitando a Trump a presenciar la destrucción de laboratorios en el país y advirtiéndole: “no amenace nuestra soberanía, porque despertará el Jaguar”. La Cancillería de Colombia también emitió un comunicado expresando su “profunda preocupación” y rechazando cualquier insinuación de uso de la fuerza.

Analistas como el exembajador Kevin Whitaker sugieren que esta retórica puede tener fines políticos internos en EE.

UU., buscando conectar con un electorado que apoya un discurso firme.

Sin embargo, aunque la intención de una intervención armada real sea cuestionable desde el punto de vista legal y táctico, como lo señala Whitaker al mencionar la necesidad de autorización del Congreso, las declaraciones han deteriorado las relaciones bilaterales, que ya se encontraban en un punto bajo tras la imposición de sanciones a Petro y la retirada de la certificación a Colombia como aliada en la lucha antidrogas.