La política exterior de la administración Trump hacia América Latina fue definida por la revitalización de la Doctrina Monroe, adaptada a un nuevo contexto geopolítico y denominada por algunos analistas como el “Corolario Trump”. Esta doctrina se convirtió en el eje para justificar una política de mano dura, intervencionismo y contención de influencias extranjeras, especialmente de China y Rusia, en el hemisferio occidental. La Doctrina Monroe, proclamada originalmente en 1823 para limitar la influencia europea en América, fue explícitamente reivindicada por altos funcionarios del gobierno de Trump para fundamentar sus acciones en la región. Esta versión moderna se manifestó en una estrategia de seguridad que puso el foco en Latinoamérica, utilizando el despliegue militar y la imposición de aranceles como herramientas clave. Bajo este marco, se justificaron las presiones sobre Venezuela, Cuba y Nicaragua, así como la exclusión de estos países de foros como la Cumbre de las Américas, lo que fue visto como una reafirmación de la hegemonía estadounidense. El libro ‘De Monroe a Trump.
Del expansionismo estadounidense temprano al imperialismo tardío’ analiza cómo esta doctrina ha sido una constante en la política exterior de EE.
UU., legitimando intervenciones y la imposición de gobiernos afines. La administración Trump intensificó el unilateralismo y la retórica nacionalista, utilizando la crisis internacional para justificar nuevas formas de injerencia y reforzar el control sobre el continente, manteniendo así el espíritu de la doctrina como un instrumento para preservar la primacía de Washington en la región.
En resumenLa administración Trump revivió la Doctrina Monroe, aplicándola como un 'Corolario Trump' para justificar su política intervencionista en América Latina. Esta doctrina sirvió de marco para la presión militar y económica sobre países como Venezuela y para contrarrestar la influencia de China y Rusia, reafirmando la hegemonía de Estados Unidos en el hemisferio.