El plan fue elaborado por altos funcionarios como Steve Witkoff y Jared Kushner en consulta con enviados rusos y ucranianos, pero sus términos fueron considerados inaceptables por Kiev y sus socios europeos.
Según filtraciones de medios como Axios y NBC News, la propuesta estadounidense incluía concesiones significativas a Rusia, como el reconocimiento de Crimea y la región del Donbás como territorio ruso, la renuncia de Ucrania a ciertas categorías de armamento, y la garantía de que no se permitiría la presencia de fuerzas militares extranjeras en su territorio. A cambio, se esperaba un cese al fuego y el levantamiento de sanciones contra Moscú.
La iniciativa fue recibida con fuerte rechazo por parte de los principales aliados europeos.
El presidente francés Emmanuel Macron, el canciller alemán Friedrich Merz y el primer ministro británico Keir Starmer, en una llamada con el presidente Volodímir Zelenski, calificaron el plan como una “capitulación” y una “castración militar de Ucrania”. Sostuvieron que cualquier acuerdo debía partir de la línea de contacto actual y contar con el consenso de los socios europeos. A pesar de la resistencia, Washington continuó con los esfuerzos diplomáticos, enviando a sus negociadores a reuniones en Moscú con Vladimir Putin y en Florida con delegaciones ucranianas, en un intento por forzar un acuerdo bajo la amenaza de cortar la ayuda militar a Kiev si no aceptaba los términos.













