“Sabemos dónde viven los malos.

Y vamos a empezar con eso también muy pronto”, declaró.

Esta retórica agresiva fue justificada como una defensa de Estados Unidos ante el narcotráfico, al que Trump acusa a Maduro de liderar a través del “Cartel de los Soles”, designado por Washington como una organización terrorista. La presión se manifestó también en el ámbito logístico y diplomático; el Pentágono confirmó tener un “plan de contingencia” por si Maduro abandona el poder, y Estados Unidos ha utilizado bases en países como Puerto Rico, República Dominicana y Trinidad y Tobago para sus operaciones en el Caribe.

El Papa León XIV expresó su preocupación por una posible invasión, pidiendo a EE.

UU. favorecer el diálogo sobre la acción militar.

Por su parte, el gobierno venezolano ha calificado la ofensiva como “terrorismo psicológico” y una excusa para derrocar a Maduro y apoderarse de las reservas de petróleo del país, denunciando las acciones estadounidenses ante organismos internacionales como la OPEP.