La operación “Catahoula Crunch” podría resultar en hasta 5.000 detenciones, superando redadas previas. El impacto en la comunidad ha sido inmediato y profundo. En una ciudad donde la población migrante es clave para la economía, especialmente en sectores como la construcción y los servicios, el temor ha paralizado la vida diaria.

Padres de familia han dejado de enviar a sus hijos a la escuela, los comercios han reducido sus horarios y miles de personas permanecen encerradas. Líderes locales, como el concejal Matthew Willard, denuncian la operación como una “maniobra de poder” sin lógica de seguridad pública, destinada a ejercer presión política sobre una ciudad que vota mayoritariamente contra Trump.

Organizaciones comunitarias han activado redes de alerta y entrenamientos sobre derechos civiles para mitigar los daños, replicando tácticas de resistencia ya utilizadas en otras ciudades afectadas.