Según cifras del Pentágono, desde septiembre se han destruido 21 embarcaciones en ataques que han causado la muerte de 82 personas, calificadas por Washington como «narcoterroristas».
El presidente Donald Trump ha defendido estas acciones y ha anunciado su inminente expansión a tierra firme, afirmando que «por tierra es mucho más fácil.
Conocemos las rutas que toman.
Lo sabemos todo sobre ellos».
La amenaza se dirigió explícitamente no solo a Venezuela, a cuyo gobierno acusa de liderar el «Cartel de los Soles», sino también a Colombia.
Trump declaró que «cualquier país que produzca y trafique droga hacia Estados Unidos está sujeto a ataques», y añadió: «He oído que Colombia, el país de Colombia, produce cocaína.
Tienen plantas de fabricación».
Esta advertencia provocó una enérgica respuesta del presidente colombiano, Gustavo Petro, quien rechazó la amenaza y defendió los esfuerzos de su país en la lucha antidrogas. A través de la red social X, Petro invitó a Trump a Colombia para presenciar la destrucción de laboratorios y le advirtió: «no amenace nuestra soberanía, porque despertará el Jaguar.
Atacar nuestra soberanía es declarar guerra».
Gobiernos como el de Venezuela sostienen que la campaña antinarcóticos es un pretexto para forzar un cambio de régimen, mientras la comunidad internacional observa con preocupación el riesgo de un conflicto regional.













