La relación entre Estados Unidos y Venezuela ha alcanzado un punto crítico, marcado por un ultimátum presidencial, un bloqueo aéreo de facto y un masivo despliegue militar en el Caribe. Estas acciones reflejan una estrategia de máxima presión de la administración Trump para forzar un cambio de régimen en Caracas. La tensión se intensificó tras una llamada telefónica entre Donald Trump y Nicolás Maduro el 21 de noviembre, en la que, según informes, Trump le dio a Maduro un ultimátum de una semana para abandonar el poder, el cual venció el 28 de noviembre. Maduro habría solicitado amnistía para él y más de 100 de sus funcionarios, así como la posibilidad de que la vicepresidenta Delcy Rodríguez liderara un gobierno interino, condiciones que Trump rechazó. Tras el incumplimiento del plazo, Trump declaró que el espacio aéreo venezolano debía considerarse "cerrado en su totalidad", lo que provocó la cancelación de vuelos internacionales y la suspensión de licencias a varias aerolíneas. Paralelamente, Washington ha ejecutado un despliegue militar sin precedentes en el Caribe, incluyendo el portaaviones USS Gerald R. Ford, bombarderos B-52 y miles de efectivos, bajo la justificación de una operación antidrogas.
Trump también anunció que las operaciones se extenderían "muy pronto" a tierra.
El senador republicano Markwayne Mullin afirmó que a Maduro se le ofreció exiliarse en Rusia u otro país.
La situación llevó a Trump a reunirse con su Consejo de Seguridad Nacional.
Su portavoz, Karoline Leavitt, declaró: “Hay opciones disponibles para el presidente, y dejaré que él se exprese sobre ellas”.
Mientras tanto, Maduro ha calificado la presión como "terrorismo psicológico" y el presidente colombiano, Gustavo Petro, ha cuestionado la legalidad de las acciones de Trump.
En resumenLa administración Trump ha intensificado su campaña contra Nicolás Maduro a través de una combinación de presión diplomática, posturas militares y amenazas directas. A pesar de una llamada confirmada entre ambos líderes, acciones como el cierre del espacio aéreo, el despliegue militar y un presunto ultimátum sugieren un endurecimiento de la postura de Washington, dejando abierta la posibilidad de una intervención directa mientras se presiona por una salida negociada de Maduro.