Para sostener este despliegue, Estados Unidos ha fortalecido sus lazos con aliados clave.

El gobierno de República Dominicana autorizó el uso de dos de sus aeropuertos, el Internacional de las Américas y la base militar de San Isidro, para operaciones logísticas, transporte de equipo y personal. De manera similar, Estados Unidos ha instalado un nuevo radar en Trinidad y Tobago para “mejorar la vigilancia” y ha realizado ejercicios militares conjuntos con este país insular, ubicado a solo 10 kilómetros de Venezuela. Países como Guyana, Panamá y Puerto Rico también se han convertido en puntos estratégicos para las operaciones estadounidenses, con un notable aumento de la actividad militar en bases como Roosevelt Roads en Ceiba, Puerto Rico. El gobierno de Nicolás Maduro ha denunciado este despliegue como una amenaza de invasión y ha puesto a sus fuerzas armadas en alerta, mientras que otros líderes regionales han expresado su preocupación por la militarización del Caribe.