A cambio, Estados Unidos reduciría su asistencia militar.

La propuesta fue calificada por el exprimer ministro británico Boris Johnson como una “castración militar de Ucrania”. Líderes de Francia, Alemania y el Reino Unido mantuvieron una llamada urgente con el presidente Volodímir Zelenski, en la que concluyeron que el plan era inaceptable y que cualquier acuerdo requería el consenso de los socios europeos.

La Unión Europea, sintiéndose marginada, anunció un plan alternativo.

A pesar de la resistencia, Washington ejerció una fuerte presión sobre Zelenski, amenazando con cortar toda ayuda militar si no aceptaba la iniciativa.

El secretario de Estado, Marco Rubio, calificó las negociaciones con la delegación ucraniana en Florida como “productivas”, aunque admitió que aún quedaba “mucho trabajo por hacer”.