La reacción del gobierno venezolano fue de rechazo absoluto, calificando el anuncio como una “amenaza colonialista”, una “agresión” y una violación a su soberanía.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, también cuestionó la medida, afirmando que “un espacio aéreo nacional no lo puede cerrar un presidente extranjero”.

La advertencia tuvo efectos inmediatos, llevando a que al menos seis aerolíneas internacionales, entre ellas Iberia, TAP, Avianca y Latam, suspendieran sus vuelos hacia y desde Venezuela.

Previamente, la Administración Federal de Aviación (FAA) de EE. UU. ya había instado a “extremar la precaución” en la zona debido a la intensificada actividad militar.

Analistas consideran que el cierre del espacio aéreo suele ser una señal previa a operaciones militares directas, lo que incrementa la incertidumbre en una región ya marcada por el despliegue del portaviones USS Gerald R. Ford y ataques a presuntas narcolanchas.