Esta dualidad ha generado un profundo análisis sobre las verdaderas intenciones de Washington.

Por un lado, Trump ha intensificado la retórica beligerante, advirtiendo que las fuerzas armadas “empezarán muy pronto” a detener a narcotraficantes venezolanos “por tierra”. Por otro, ha manifestado que “podría hablar para salvar muchas vidas”, una postura que el fiscal general venezolano, Tarek William Saab, calificó como “bienvenida”.

Ninguno de los dos gobiernos ha confirmado públicamente los detalles de la llamada, lo que deja abiertas múltiples interpretaciones. Analistas sugieren que podría ser un intento de Maduro por buscar “oxígeno político” en medio de la crisis, una maniobra estratégica de Trump para proyectar una imagen de liderazgo, o un genuino, aunque frágil, canal diplomático. La conversación, en la que también habría participado el secretario de Estado Marco Rubio, contrasta fuertemente con la política de máxima presión de Washington, que incluye sanciones económicas y una creciente presencia militar en la región, complicando cualquier posibilidad de un acercamiento duradero.