UU. podrían iniciar operaciones terrestres contra el narcotráfico.

Esta declaración se enmarca en un amplio despliegue militar en el Caribe y una retórica ambigua que combina la amenaza con la posibilidad de diálogo. Durante una rueda de prensa, Trump afirmó que, tras el éxito de las operaciones marítimas que según él han contenido cerca del 85 % del tráfico ilícito, la siguiente fase de la estrategia se desarrollará en tierra.

“También vamos a detenerlos por tierra muy pronto. Por tierra es más fácil.

Para que dejen de enviar veneno”, advirtió el mandatario. Este anuncio se produce en el contexto de la “Operación Lanza del Sur”, que mantiene una significativa presencia militar estadounidense en el Caribe, incluyendo al portaviones USS Gerald R. Ford, bombarderos y una flotilla de buques de guerra. El gobierno de Nicolás Maduro ha calificado este despliegue como una amenaza a su soberanía y ha puesto a sus fuerzas en alerta.

La estrategia de Trump parece ser dual: mientras la presión militar se intensifica, también ha dejado abierta la posibilidad de una conversación directa con Maduro, afirmando que la situación podría resolverse “por las buenas o por las malas”. Esta ambigüedad mantiene un clima de incertidumbre en la región, donde una intervención terrestre podría tener consecuencias desestabilizadoras, afectando las rutas comerciales y migratorias y profundizando las divisiones políticas en América Latina.