El presidente dominicano, Luis Abinader, junto con el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, anunciaron que EE.
UU. tendrá acceso por un plazo limitado a la base aérea de San Isidro y al Aeropuerto Internacional de las Américas, ambos en Santo Domingo. El acuerdo permite el movimiento de personal técnico y militar, transporte de equipos y la operación de aviones de reabastecimiento de combustible.
Según Abinader, el objetivo es “reforzar las acciones contra el narcotráfico”. Por su parte, Hegseth describió la lucha contra estas redes como un combate contra “terroristas del narcotráfico”.
Este es el primer “acuerdo público mayor” de este tipo entre EE.
UU. y un país del Caribe en 2025, posicionando a República Dominicana como un aliado clave para Washington en la región. La decisión ha sido criticada por el gobierno de Nicolás Maduro, que la considera un gesto que fortalece la influencia militar estadounidense cerca de su territorio y podría alterar la estabilidad regional. Analistas coinciden en que este movimiento impactará el equilibrio geopolítico, aunque algunos lo ven como un paso necesario para contener la expansión del crimen organizado en las rutas aéreas y marítimas del Caribe.













