Washington justifica la operación como una lucha contra el narcotráfico, mientras que Caracas la denuncia como una amenaza directa a su soberanía y una posible antesala a una intervención. La denominada “Operación Lanza del Sur” ha movilizado un contingente sin precedentes en la región, que incluye el portaaviones USS Gerald Ford, descrito como el más grande del mundo, buques de guerra, submarinos nucleares, aviones de combate como bombarderos B-52 y cazas F/A-18, y más de 15.000 efectivos. Oficialmente, el objetivo es combatir el narcotráfico, y en el marco de estas operaciones, se ha informado de la destrucción de más de veinte embarcaciones y la muerte de al menos 83 personas. Sin embargo, el gobierno de Nicolás Maduro percibe estas acciones como una provocación y una amenaza de invasión. Maduro ha calificado el despliegue como parte de las “locuras imperiales” de EE.

UU. y ha llamado a sus seguidores a defender la patria.

Por su parte, Diosdado Cabello, una figura clave del chavismo, advirtió que “quien ose poner un pie sobre Venezuela será aniquilado”.

La tensión se ha extendido al ámbito aéreo, con la Administración Federal de Aviación (FAA) de EE. UU. emitiendo una alerta para “extremar la precaución” al sobrevolar territorio venezolano, lo que provocó la cancelación de vuelos por parte de al menos seis aerolíneas internacionales, aislando aún más al país.