La administración Trump ha impulsado activamente un polémico plan de paz de 28 puntos para poner fin a la guerra en Ucrania, lo que ha generado una intensa presión sobre Kiev y una notable preocupación entre sus aliados europeos. La propuesta, que incluye concesiones significativas a Rusia, ha desatado un profundo debate sobre la soberanía de Ucrania y la futura arquitectura de seguridad en Europa. El plan, elaborado por el enviado especial de Trump, Steve Witkoff, con aportes de funcionarios rusos pero sin la participación inicial de Ucrania, contempla condiciones muy duras para Kiev. Entre los puntos más sensibles se encuentran la cesión de territorio a Rusia, incluyendo las regiones de Crimea, Donetsk y Luhansk; una drástica reducción del tamaño de su ejército; y la renuncia formal a su aspiración de ingresar a la OTAN. Para forzar su aceptación, Trump impuso un ultimátum a Volodímir Zelenski para que respondiera a la propuesta antes del Día de Acción de Gracias, amenazando con retirar el apoyo militar estadounidense si no lo hacía. No obstante, el propio Trump matizó posteriormente que “no es mi oferta final”.
La reacción de Zelenski ha reflejado la difícil disyuntiva que enfrenta. Por un lado, aseguró que no “traicionará” a su país, pero por otro, reconoció estar ante uno de los momentos más difíciles de la historia de Ucrania, obligado a elegir entre “perder su dignidad o a un socio militar clave”.
Tras intensas negociaciones en Ginebra, el plan original fue modificado y reducido a 19 puntos, aunque los detalles de los cambios no se han hecho públicos. Los líderes europeos, incluyendo los de Alemania, Francia y el Reino Unido, han expresado su escepticismo y trabajan en una contrapropuesta, insistiendo en que cualquier acuerdo debe respetar la integridad territorial de Ucrania y contar con garantías de seguridad robustas.
En resumenEl plan de paz de Trump para Ucrania ha colocado a Kiev en una encrucijada, forzándolo a negociar bajo la amenaza de perder el apoyo crucial de Estados Unidos. Aunque Washington lo presenta como una vía para terminar el conflicto, Ucrania y sus socios europeos lo consideran excesivamente favorable a Moscú, lo que ha desencadenado una intensa actividad diplomática para redefinir los términos de un posible acuerdo que no comprometa la soberanía ucraniana.