La ofensiva estadounidense se materializa en múltiples frentes, creando un complejo escenario geopolítico en el Caribe.

El paso más significativo ha sido la designación oficial del llamado “Cartel de los Soles” como una Organización Terrorista Extranjera (FTO), una medida que vincula directamente a Nicolás Maduro y a altos funcionarios de su gobierno con el narcotráfico.

Esta clasificación otorga a Estados Unidos un marco legal para justificar acciones más contundentes, tanto sancionatorias como militares.

En paralelo, Washington ha desplegado una formidable presencia militar en el Caribe bajo la “Operación Lanza del Sur”, que incluye al portaviones USS Gerald R. Ford, buques de guerra, cazas F-18, bombarderos B-52 y más de 15.000 efectivos. En el marco de esta operación, se han reportado ataques contra al menos una veintena de embarcaciones sospechosas de narcotráfico, con un saldo de más de 80 fallecidos, acciones que Caracas ha calificado como “ejecuciones extrajudiciales”. Sin embargo, en un giro inesperado, reportes de prensa basados en fuentes de la Casa Blanca indican que Trump ha expresado a sus asesores la intención de hablar directamente con Maduro.

Esta apertura a un canal diplomático contrasta fuertemente con la retórica hostil y el despliegue militar. La reacción de Maduro ha sido igualmente dual: por un lado, ha respondido con un discurso desafiante, afirmando que “hagan lo que hagan (...) no van a poder con Venezuela.

Somos invencibles”.

Por otro lado, se ha mostrado dispuesto a un diálogo “cara a cara” con Trump.

El presidente colombiano, Gustavo Petro, ha criticado la postura de Trump, afirmando que “no ha sido capaz de escucharme” y que su lógica de confrontación dificulta cualquier avance diplomático.