Este anuncio se produce después de que los dos líderes se reunieran en octubre en Corea del Sur y se adelanta a una futura visita de Xi a Washington programada para 2026. La llamada es interpretada por analistas como un gesto de Pekín para retomar el control sobre la narrativa de Taiwán, que considera se le está “escapando de las manos”. Aunque Trump no mencionó explícitamente el tema de Taiwán en sus declaraciones públicas posteriores a la llamada, la conversación subraya la complejidad de la relación entre las dos potencias, que buscan gestionar sus diferencias mientras avanzan en áreas de interés mutuo. La diplomacia directa entre ambos líderes es vista como un esfuerzo por estabilizar una de las relaciones bilaterales más importantes del mundo, a pesar de las persistentes disputas comerciales y estratégicas.