El gobierno de Donald Trump implementó una nueva y controvertida directiva del Departamento de Estado que obliga a que todos los pasaportes estadounidenses reflejen el sexo asignado en el acta de nacimiento original de la persona. La Corte Suprema permitió la aplicación de la medida mientras continúa el litigio federal, revirtiendo una política que llevaba vigente desde la década de 1990 y que permitía a las personas transgénero cambiar el marcador de género “M” o “F” en sus pasaportes. La nueva norma también elimina la opción de un marcador “X” para quienes no se identifican con las categorías binarias tradicionales. El gobierno argumenta que la directiva responde a la necesidad de consignar “hechos verificables” y garantizar la coherencia entre los documentos de diferentes organismos gubernamentales, con el fin de evitar fraudes y restablecer la “realidad biológica”. Sin embargo, la política ha sido calificada por activistas, académicos y organizaciones LGBTI+ como un ataque directo a la identidad de aproximadamente tres millones de estadounidenses trans y no binarios.
Los críticos advierten que esta medida obligará a las personas trans a “salir del armario” cada vez que presenten su pasaporte, exponiéndolas a interrogatorios, discriminación y posibles acusaciones de suplantación al viajar o realizar trámites básicos.
Expertos en seguridad y movilidad señalan que la política podría dificultar los viajes internacionales, el acceso a servicios y la validación de la identidad, generando nuevos riesgos para una población ya vulnerable. Esta medida es vista como parte de un esfuerzo más amplio de la administración para restringir los derechos de las personas trans en diversas áreas como el deporte, la vivienda y los servicios médicos.
En resumenLa administración Trump ha revertido una política de larga data al exigir que los pasaportes reflejen el sexo asignado al nacer, eliminando la posibilidad de cambio para personas transgénero y el marcador de género 'X'. La medida, justificada por el gobierno como una necesidad de seguridad y coherencia documental, ha sido ampliamente condenada por organizaciones de derechos humanos como un ataque a la identidad y seguridad de la comunidad trans.