UU. hacia su vecino del sur y refleja una política exterior más intervencionista en la región.

Trump argumentó que la situación del narcotráfico “es como una guerra” que está matando a miles de estadounidenses, y afirmó que su gobierno tiene información detallada sobre los líderes de los carteles, incluyendo sus direcciones. “Sabemos todo acerca de cada uno de ellos”, aseguró.

Además, sugirió que buscaría la aprobación del Congreso para una acción de este tipo y que no tendría “ningún problema” en autorizarla. La presidenta Sheinbaum respondió firmemente que una intervención militar “no va a ocurrir” y que su gobierno no permitirá operaciones de fuerzas extranjeras en su territorio. “Nosotros no queremos intervenciones de ningún gobierno extranjero”, declaró en una rueda de prensa, subrayando que el entendimiento con Washington se basa en la “colaboración y coordinación sin subordinación”. Sheinbaum calificó de “muy poco patriótico” a quienes en México piden una intervención estadounidense. Las declaraciones de Trump se producen en un contexto de creciente presión militar en el Caribe y el Pacífico, donde EE.

UU. ha realizado ataques contra embarcaciones bajo la justificación de la lucha antidrogas. El mandatario también mencionó la posibilidad de destruir “fábricas de cocaína” en Colombia, lo que indica una visión regional más agresiva para enfrentar el narcotráfico directamente en los países de origen.