La administración Trump ha elevado significativamente la presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro, combinando un despliegue militar sin precedentes en el Caribe con la preparación de operaciones encubiertas en territorio venezolano. Esta estrategia de “doble carril” busca forzar un cambio de régimen, aunque la Casa Blanca mantiene abierta una ambigua posibilidad de diálogo. Bajo el nombre de operación “Lanza del Sur”, Estados Unidos ha movilizado cerca de 15.000 efectivos, el portaaviones USS Gerald R. Ford y una decena de buques de guerra. En el marco de esta operación, que Washington justifica como una lucha contra el narcotráfico, se han realizado ataques contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, dejando un saldo de más de 80 personas fallecidas, calificadas por EE.
UU. como “narcoterroristas”.
Paralelamente, fuentes del gobierno estadounidense confirmaron a la agencia Reuters que se está preparando una “nueva fase de operaciones” que probablemente comenzaría con acciones encubiertas. El New York Times y otros medios reportaron que Trump autorizó a la CIA a preparar planes que podrían incluir sabotaje, operaciones cibernéticas o campañas de desinformación.
El Pentágono también ha elaborado opciones militares que incluyen ataques aéreos contra instalaciones vinculadas al narcotráfico y unidades militares cercanas a Maduro.
A pesar de esta escalada, Trump ha declarado que podría hablar “en un futuro no muy lejano” con Maduro, a quien tiene “algo muy específico” que decirle. Maduro, por su parte, ha respondido que está dispuesto a un diálogo “cara a cara”, pero también ha advertido que una intervención militar significaría el “fin político” de Trump.
La estrategia ha generado alerta en la región, con líderes como Lula da Silva de Brasil expresando su preocupación y ofreciéndose a mediar.
En resumenLa estrategia de EE. UU. hacia Venezuela bajo la administración Trump combina una fuerte presión militar, con el despliegue de la operación 'Lanza del Sur' y la planificación de acciones encubiertas por parte de la CIA, con una ambigua oferta de diálogo con Nicolás Maduro. Esta política de máxima presión busca desestabilizar al gobierno venezolano, generando una elevada tensión y preocupación en toda la región.