Este encuentro marca un giro inesperado en su relación y ha sido interpretado como un gesto de pragmatismo político por ambas partes.

Durante la campaña, Trump había calificado a Mamdani de “lunático radical de izquierdas”, “comunista” y “odiador de judíos”, amenazando con retener fondos federales para la ciudad. Sin embargo, tras la victoria de Mamdani, el tono cambió drásticamente. En la reunión en el Despacho Oval, ambos políticos se mostraron sonrientes, se dieron un apretón de manos y prometieron trabajar juntos por el bien de Nueva York.

Trump elogió al alcalde electo, refiriéndose a él como “un gran campeón” y alguien “diferente”, y aseguró que “hará un muy buen trabajo”.

El encuentro, que según el presidente se desarrolló en un clima “civilizado”, se centró en un punto en común: el amor por la ciudad.

Este cambio de discurso ha sorprendido a analistas políticos, quienes lo ven como una señal de que ambos líderes buscan dejar atrás las tensiones para colaborar en la gestión de la ciudad más importante de Estados Unidos. La reunión simboliza un intento de limar asperezas y establecer una relación de trabajo funcional, a pesar de las profundas diferencias ideológicas que los separan.