La sólida alianza entre Donald Trump y la congresista Marjorie Taylor Greene ha llegado a su fin, marcando una de las rupturas más significativas dentro del movimiento MAGA. La congresista anunció su renuncia al Congreso tras un duro enfrentamiento con el presidente, centrado en la exigencia de Greene de desclasificar los archivos del caso Jeffrey Epstein. El conflicto estalló cuando Greene, hasta entonces una de las más fieles aliadas de Trump, se unió a la presión bipartidista para que se publicara toda la información del Departamento de Justicia sobre Epstein. Esta postura chocó con la oposición inicial de Trump a la medida. El presidente, quien ha negado vínculos con el comportamiento criminal de Epstein, reaccionó atacando a la congresista y, según Greene, la llamó “traidora”.
En una entrevista, la legisladora afirmó que los ataques de Trump ponían en riesgo su seguridad, ya que podrían “radicalizar” a algunos de sus seguidores en su contra.
“No debería ser amenazada por el presidente con el que luché”, declaró.
La presión de Greene y otros republicanos fue clave para que Trump finalmente cediera y firmara la ley de transparencia de los archivos.
Sin embargo, la ruptura ya era un hecho.
Greene sostuvo que el caso “destrozó a MAGA” y criticó a la administración por enfocarse en bloquear la divulgación en lugar de atender otros asuntos urgentes. Este enfrentamiento evidencia las crecientes tensiones dentro del Partido Republicano y la capacidad de la base populista para influir en las decisiones de sus líderes, incluso desafiando a una figura tan dominante como Trump.
En resumenLa ruptura entre Trump y Marjorie Taylor Greene, motivada por el caso Epstein, revela profundas fisuras en el movimiento MAGA. La insistencia de Greene en la transparencia forzó un cambio en la postura del presidente, pero también provocó el fin de una alianza clave y expuso los límites de la lealtad dentro del Partido Republicano.