En una entrevista, la legisladora afirmó que los ataques de Trump ponían en riesgo su seguridad, ya que podrían “radicalizar” a algunos de sus seguidores en su contra.

“No debería ser amenazada por el presidente con el que luché”, declaró.

La presión de Greene y otros republicanos fue clave para que Trump finalmente cediera y firmara la ley de transparencia de los archivos.

Sin embargo, la ruptura ya era un hecho.

Greene sostuvo que el caso “destrozó a MAGA” y criticó a la administración por enfocarse en bloquear la divulgación en lugar de atender otros asuntos urgentes. Este enfrentamiento evidencia las crecientes tensiones dentro del Partido Republicano y la capacidad de la base populista para influir en las decisiones de sus líderes, incluso desafiando a una figura tan dominante como Trump.