Esta medida, junto a sanciones y duras críticas en la lucha antidrogas, refleja una profunda desconfianza estratégica hacia el gobierno del presidente Gustavo Petro.

El encargado de negocios de EE.

UU. en Bogotá, John McNamara, ha calificado la relación como “más tensa que nunca”, aunque ha asegurado que “el lazo fundamental que une a nuestros dos pueblos nunca va a romperse”.

Las tensiones se han manifestado en múltiples frentes.

La Casa Blanca estaría evaluando revocar el estatus MNNA, un privilegio que otorga beneficios en cooperación militar y adquisición de equipos, y que fue concedido a Colombia en 2022.

Esta acción sería un golpe simbólico sin precedentes recientes en América Latina.

La disputa se ha agudizado por la política antidrogas; Trump ha descertificado a Colombia por un supuesto incumplimiento de sus compromisos, criticando el aumento de los cultivos de coca y calificando la situación como “horrible”. Además, Washington ha incluido al presidente Petro, a su esposa e hijo en la Lista Clinton y ha suspendido parcialmente la ayuda financiera y militar.

El subjefe de gabinete, Stephen Miller, afirmó que las sanciones no serán levantadas y que el narcoterrorismo en Colombia es un “asunto de extrema gravedad”. A pesar de las fricciones, McNamara ha señalado que la cooperación continúa en áreas como comercio y extradiciones, y que existe comunicación constante con el gobierno colombiano para intentar superar los desacuerdos.