Las relaciones entre Estados Unidos y Colombia atraviesan uno de sus momentos más tensos, marcado por sanciones directas de la administración Trump contra el presidente Gustavo Petro y su círculo cercano. Las medidas, que incluyen la revocación de visas y la inclusión en la “Lista Clinton”, han provocado una enérgica respuesta del mandatario colombiano, quien denuncia una “persecución” y presiones indebidas por parte de Washington. La crisis se intensificó después de que el gobierno de Trump descertificara a Colombia en la lucha contra las drogas y acusara a Petro de favorecer el narcotráfico. Posteriormente, el Departamento del Tesoro incluyó a Petro, su esposa Verónica Alcocer, su hijo Nicolás Petro y al ministro del Interior, Armando Benedetti, en la Lista Clinton, una medida que congela activos y restringe transacciones financieras internacionales.
Petro ha denunciado que estas acciones son una represalia por decisiones soberanas, como la compra de aviones de combate suecos en lugar de los F-16 estadounidenses.
“EE.UU.
ha seguido a mi familia”, escribió el presidente en la red social X, añadiendo que no se dejará obligar a “adquirir armamento de segunda o tercera mano”.
La tensión ha tenido consecuencias prácticas, como la negativa de una empresa estadounidense a suministrar combustible al avión presidencial colombiano durante una escala. A pesar de la revocación de su visa, Petro ha afirmado que asistirá a una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York, declarando: “tendré el placer de volver a Nueva York, así no quieran recibirme por allá”.
En resumenLa relación entre los gobiernos de Trump y Petro se ha deteriorado gravemente, con EE. UU. imponiendo sanciones personales al presidente colombiano y su entorno por supuestos nexos con el narcotráfico. Petro responde denunciando una persecución política y una violación a la soberanía de Colombia, llevando la crisis diplomática a un punto crítico.