La administración Trump ha iniciado la demolición del Ala Este de la Casa Blanca con el objetivo de construir un nuevo y gran salón de baile, un proyecto que ha desatado una fuerte controversia por alterar una parte histórica de la residencia presidencial. El presidente Donald Trump confirmó la decisión, explicando que, tras consultar con “los mejores arquitectos del mundo”, optó por una demolición total del sector que tradicionalmente alberga las oficinas de la primera dama. El objetivo es erigir “uno de los salones de baile más grandes del mundo”, con una capacidad para 1.000 invitados y un costo estimado entre 250 y 300 millones de dólares.
Trump aseguró que el proyecto no utilizará fondos públicos, sino que será financiado con donaciones privadas de “generosos patriotas y magníficas empresas”, entre las que se mencionan gigantes tecnológicos como Google, Amazon, Microsoft y Apple.
La noticia y las imágenes de la demolición han provocado indignación entre opositores y expertos en patrimonio. Líderes del Partido Demócrata acusaron al presidente de “falta de respeto” hacia la historia de la Casa Blanca, especialmente en un momento en que el país enfrenta un cierre de gobierno. Organizaciones como el National Trust for Historic Preservation advirtieron que la construcción “podría alterar de forma permanente el diseño clásico y equilibrado” de la mansión presidencial. A pesar de las críticas, la obra avanza, con Trump defendiendo la necesidad de un espacio adecuado para cenas de Estado y otros eventos oficiales.
En resumenLa decisión de Donald Trump de demoler el histórico Ala Este de la Casa Blanca para construir un salón de baile financiado privadamente ha generado una ola de críticas. Opositores y expertos en patrimonio cuestionan la alteración de un edificio emblemático, mientras la administración defiende el proyecto como una modernización necesaria.