El gobierno federal de Estados Unidos ha entrado en su tercera semana de un cierre parcial debido a un estancamiento presupuestario en el Congreso, lo que ha provocado la suspensión de servicios públicos y ha dejado a miles de empleados federales sin sueldo. La parálisis, que refleja la profunda división política en Washington, está generando un impacto económico significativo y una creciente incertidumbre. El cierre ha afectado a diversas agencias gubernamentales, obligando al cierre de museos públicos en Washington D.C., ralentizando los procesos consulares como la emisión de visas en el extranjero y dejando a la Reserva Federal sin datos económicos clave para la toma de decisiones. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió que el “shutdown” le cuesta a la economía estadounidense unos 15.000 millones de dólares al día.
Mientras tanto, el enfrentamiento político continúa. El presidente Trump y los republicanos culpan a los demócratas por el bloqueo, instándolos a negociar para reabrir el gobierno. Por su parte, los demócratas acusan a la administración de intransigencia.
La Casa Blanca ha prometido “aguantar el cierre” e incluso ha amenazado con despidos masivos, aunque un juez federal ha bloqueado temporalmente esta medida.
A pesar de que el asesor económico de Trump, Kevin Hassett, expresó que el cierre “probablemente” terminaría pronto, no hay señales claras de un acuerdo inminente, y los mercados de predicción apuestan a que la disfunción podría extenderse hasta el Día de Acción de Gracias.
En resumenEl prolongado cierre del gobierno de EE. UU. evidencia una grave crisis de gobernabilidad, con consecuencias económicas y sociales significativas. La falta de acuerdo entre la Casa Blanca y el Congreso mantiene al país en un estado de parálisis administrativa, afectando a empleados federales, servicios públicos y la economía en general.