La administración Trump ha intensificado su presencia militar en el mar Caribe con una serie de ataques letales contra embarcaciones, justificados como una ofensiva contra el narcotráfico. Sin embargo, estas operaciones han resultado en la muerte de cerca de 30 personas y han generado una grave controversia internacional sobre su legalidad y la identidad de las víctimas. Desde agosto, bajo el argumento de estar en un “conflicto armado contra los carteles de la droga”, Estados Unidos ha desplegado buques de guerra y ha ejecutado al menos seis “ataques cinéticos letales” contra lanchas y semisumergibles. El gobierno estadounidense, a través de figuras como el secretario de Guerra, Pete Hegseth, ha afirmado que las embarcaciones destruidas estaban afiliadas a organizaciones terroristas como el ELN de Colombia o transportaban grandes cantidades de narcóticos.
Trump justificó las acciones afirmando que por cada tres “narcoterroristas” muertos, se salvan “25.000 vidas estadounidenses”.
Sin embargo, estas afirmaciones han sido fuertemente rebatidas.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha denunciado que las víctimas son en realidad “humildes pescadores” y acusó a EE.
UU. de cometer un “asesinato” y violar la soberanía colombiana. El caso más emblemático es el de Alejandro Carranza, un pescador de Santa Marta cuya familia asegura que no tenía vínculos con el narcotráfico y que su lancha fue bombardeada mientras estaba a la deriva.
Familias en Trinidad y Tobago también han denunciado la muerte de pescadores inocentes. La controversia se agudiza por la falta de pruebas presentadas por Washington y por el hecho de que en algunos casos hubo sobrevivientes que fueron repatriados a sus países de origen, como Colombia y Ecuador, para ser procesados allí, una decisión que según expertos busca evitar complicaciones legales en Estados Unidos.
En resumenLas operaciones letales de Estados Unidos en el Caribe, presentadas como una lucha contra el narcotráfico, han causado una crisis diplomática y humanitaria. La discrepancia entre la versión de Washington sobre “narcoterroristas” y las denuncias de Colombia y familiares sobre la muerte de pescadores civiles pone en duda la legalidad y la legitimidad de estos ataques en aguas internacionales.