La tensión comercial entre Estados Unidos y China ha alcanzado un nuevo pico, con la administración Trump amenazando con aranceles de hasta el 100 % y Pekín respondiendo con restricciones a la exportación de tierras raras. Ambas potencias se preparan para una nueva ronda de negociaciones en un intento por enfriar un conflicto que amenaza la estabilidad económica global. El presidente Donald Trump reconoció que un arancel del 100 % sobre las importaciones chinas es “insostenible”, pero afirmó que Pekín lo “obligó” a tomar esa medida tras imponer controles a la exportación de tierras raras, materiales cruciales para las industrias tecnológica y de defensa. “Tiene que ser justo”, declaró Trump, quien se reunirá con su homólogo Xi Jinping a finales de mes en Corea del Sur. La respuesta de China, que domina la producción mundial de estos minerales, fue ampliar su régimen de control para incluir no solo los materiales, sino también las tecnologías de refinado y fabricación, afectando a empresas extranjeras que utilicen componentes de origen chino.
Esta medida ha generado alarma en Washington y Bruselas, con la Unión Europea buscando una alianza con Estados Unidos para coordinar una respuesta común.
En un esfuerzo por desescalar el conflicto, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, mantuvieron una llamada “franca y constructiva” y acordaron celebrar una nueva ronda de diálogo “lo antes posible”.
Sin embargo, la retórica se mantiene elevada, con Bessent llamando “desquiciado” a un viceministro de comercio chino.
En resumenLa guerra comercial entre Estados Unidos y China ha entrado en una fase más crítica con la imposición de aranceles y las restricciones a materiales estratégicos. A pesar de los intentos de diálogo, la desconfianza mutua y las medidas proteccionistas de ambas partes mantienen al mundo en vilo, con el riesgo de una escalada que podría tener graves repercusiones en la economía global.