El gobierno de Estados Unidos ha intervenido diplomáticamente en la política interna de Brasil, calificando la condena contra el expresidente Jair Bolsonaro como una “caza de brujas” y amenazando con responder, lo que ha generado un fuerte choque con la administración de Luiz Inácio Lula da Silva. La Corte Suprema de Brasil impuso una condena de 27 años y tres meses de cárcel al expresidente Jair Bolsonaro por su implicación en un intento de golpe de Estado. La reacción de la administración Trump fue inmediata y contundente, describiendo el fallo judicial como “injusto” y parte de una persecución política. En un comunicado, el gobierno estadounidense advirtió que respondería a lo que considera “graves abusos de los derechos humanos” que han “socavado el Estado de derecho en Brasil”.
Esta declaración ha sido interpretada como una amenaza directa al sistema judicial y a la soberanía brasileña.
Por su parte, el Ejecutivo de Lula da Silva reaccionó afirmando que “no se dejará intimidar por las amenazas de Washington”, lo que ha escalado la tensión diplomática entre las dos mayores potencias del continente americano. La defensa de Bolsonaro por parte de Trump se enmarca en su apoyo a líderes de derecha en la región, considerando al expresidente brasileño un importante aliado político.
En resumenLa enérgica defensa de la administración Trump a su aliado político Jair Bolsonaro, llegando a cuestionar la legitimidad de una condena de la máxima corte de Brasil y amenazando con represalias, ha provocado una crisis diplomática significativa. Este enfrentamiento subraya las tensiones ideológicas en el hemisferio y la disposición de Washington a intervenir en los asuntos internos de otras naciones.