La administración Trump ha generado una fuerte controversia por el uso de fuerzas federales en ciudades gobernadas por demócratas, desplegando la Guardia Nacional en Washington D.C. y amenazando con una intervención militar en Chicago, lo que ha avivado el debate sobre la militarización y los límites del poder presidencial. En Washington D.C., el presidente declaró una emergencia que puso a la policía local bajo control federal durante 30 días, con más de 2.200 efectivos de la Guardia Nacional patrullando las calles. Esta medida provocó una demanda del fiscal general local, quien acusó a Trump de violar la Constitución.
El presidente ha extendido esta retórica a otras ciudades, describiendo a Chicago como “un lugar muy peligroso” y afirmando que podría “resolver el problema muy rápidamente”.
Trump ha utilizado las redes sociales para reforzar su mensaje, parodiando la película ‘Apocalypse Now’ con frases como “Me encanta el olor de las deportaciones en la mañana” y declarando que Chicago está “a punto de descubrir por qué se llama Departamento de GUERRA”, en alusión a su orden de cambiar el nombre del Departamento de Defensa.
Estas amenazas han sido recibidas con una fuerte oposición local.
El gobernador de Illinois anticipó una posible batalla judicial, y el alcalde de Baltimore, otra ciudad señalada por Trump, rechazó la idea de una intervención federal afirmando: “No necesitamos una ocupación”. Esta estrategia ha sido calificada por la oposición demócrata como la de un “dictador en potencia”.
En resumenEl presidente Trump ha afirmado su poder federal mediante el despliegue de la Guardia Nacional en Washington D.C. y ha amenazado con una “guerra” similar contra el crimen en Chicago. Esta postura ha provocado una enérgica oposición de las autoridades locales, quienes denuncian una militarización inconstitucional de sus ciudades.