El presidente Donald Trump se ha encontrado en una posición diplomática incómoda tras un ataque militar israelí contra altos mandos de Hamás en Doha, expresando su descontento con la operación llevada a cabo en el territorio de Catar, un aliado clave de Estados Unidos. El mandatario afirmó no estar "entusiasmado" y sentirse "muy descontento" con la ofensiva, que ha sido condenada por el gobierno catarí. La Casa Blanca confirmó que fue notificada por Israel momentos antes del ataque, pero aclaró que no participó en su planificación.
En su plataforma Truth Social, Trump describió el suceso como un "desafortunado incidente" y calificó a Catar como un "fuerte aliado y amigo". La situación es delicada para Washington, ya que tanto Israel como Catar son socios estratégicos, y este último ha sido un mediador fundamental en las negociaciones para un alto el fuego en Gaza. Paralelamente, Trump ha intensificado la presión sobre Hamás para que acepte un acuerdo de tregua que permita la liberación de los rehenes israelíes.
Lanzó una "última advertencia" al grupo, declarando en redes sociales: "Los israelíes han aceptado mis condiciones.
Es hora de que Hamás también las acepte". Esta doble vertiente de su diplomacia muestra los desafíos de gestionar alianzas complejas en Medio Oriente mientras intenta proyectar una imagen de firmeza.
En resumenEl ataque de Israel en Doha ha complicado la estrategia de Trump en Medio Oriente, obligándolo a criticar una acción de su principal aliado mientras intenta forzar un acuerdo de paz con Hamás. Su reacción evidencia las tensiones inherentes a mantener alianzas con actores de intereses contrapuestos en la región.