La tensión entre Estados Unidos y Venezuela ha alcanzado un punto crítico, con un significativo despliegue militar estadounidense en el mar Caribe y una retórica cada vez más beligerante por parte de los presidentes Donald Trump y Nicolás Maduro. La administración Trump ha movilizado una considerable fuerza naval y aérea a la región, incluyendo destructores con misiles Tomahawk, un submarino nuclear, más de 4.500 efectivos y, más recientemente, diez cazas F-35 a Puerto Rico. La justificación oficial de Washington es la lucha contra el narcotráfico, acusando a Maduro de liderar el "Cartel de los Soles". Esta operación se intensificó tras un "ataque letal" estadounidense contra una lancha presuntamente cargada con drogas desde Venezuela, que resultó en la muerte de 11 personas calificadas por Trump como "narcoterroristas".
La tensión aumentó aún más cuando el Pentágono denunció que dos cazas F-16 venezolanos realizaron un sobrevuelo "provocador" sobre el destructor USS Jason Dunham en aguas internacionales.
En respuesta, Trump advirtió que cualquier avión militar venezolano que represente una amenaza "será derribado". Por su parte, Nicolás Maduro ha calificado el despliegue como una "amenaza directa" y ha ordenado la activación de 284 "frentes de batalla" en costas y fronteras, declarando que el país está preparado para la "lucha armada, si fuese necesario" y que no permitirá que "ningún imperio" toque suelo venezolano.
En resumenEl pulso militar en el Caribe ha elevado el riesgo de un enfrentamiento directo. Mientras Estados Unidos justifica su masiva presencia como una operación antinarcóticos, el gobierno de Venezuela la interpreta como el preludio de una invasión, respondiendo con movilizaciones y una advertencia de resistencia armada.