La administración Trump ha intensificado drásticamente la presión militar y retórica sobre Venezuela, generando una de las mayores crisis diplomáticas en el Caribe en décadas. La situación escaló tras un ataque estadounidense a una embarcación presuntamente vinculada al narcotráfico y al Tren de Aragua, que resultó en la muerte de once personas, una acción que el presidente Donald Trump describió como un golpe contra “narcoterroristas” que operan desde Venezuela. En respuesta a este y otros incidentes, como el sobrevuelo de cazas F-16 venezolanos a un destructor estadounidense, el Pentágono ordenó un despliegue militar sin precedentes en la región, incluyendo destructores, un submarino nuclear y una decena de cazas F-35 en Puerto Rico.
Trump emitió una advertencia directa al gobierno de Nicolás Maduro, afirmando que cualquier avión venezolano que represente una amenaza para sus fuerzas será derribado. “Si nos ponen en una situación peligrosa, serán derribados”, declaró Trump, delegando la decisión de actuar al mando militar en el terreno. Esta escalada se enmarca en una estrategia de “máxima presión” que incluye acusaciones de que Maduro lidera un “narcoestado” y un aumento en la recompensa por su captura.
El gobierno venezolano ha respondido calificando el despliegue como una “amenaza criminal y sangrienta” y una provocación.
Nicolás Maduro advirtió que si su país fuera agredido, “pasaría a una etapa de lucha armada”, aunque también ha hecho llamados al diálogo.
La retórica se ha endurecido por ambas partes, con el secretario de Estado, Marco Rubio, refiriéndose a Maduro como un “fugitivo de la justicia estadounidense”, y el gobierno chavista acusando a Washington de fabricar un pretexto para una intervención militar y de manipular con inteligencia artificial el video del ataque a la lancha.
En resumenLa tensión entre EE. UU. y Venezuela ha alcanzado un punto crítico con un significativo despliegue militar estadounidense en el Caribe, un ataque letal a una embarcación y amenazas directas del presidente Trump. Venezuela ha respondido con advertencias de una posible respuesta armada, calificando las acciones de Washington como una provocación y una amenaza a su soberanía, en un escenario de creciente riesgo de confrontación.