La directora de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), Susan Monarez, fue despedida por la administración Trump, desatando una crisis en la principal agencia de salud pública de Estados Unidos. La destitución, ocurrida apenas cuatro semanas después de su confirmación en el Senado, ha provocado renuncias de altos funcionarios y serias acusaciones de interferencia política. El conflicto se originó por la negativa de Monarez a acatar directrices que, según sus abogados, eran “no científicas e imprudentes”. Específicamente, se habría negado a despedir a su equipo y a respaldar las polémicas recomendaciones del comité asesor sobre vacunas, encabezado por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., conocido por su escepticismo hacia las vacunas.
Los abogados de Monarez afirmaron en un comunicado que ella “optó por salvaguardar al público en lugar de servir a una agenda política.
Por eso la han atacado”. Tras el anuncio inicial del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) sobre su salida, al menos cuatro funcionarios de alto rango de los CDC presentaron su renuncia, citando preocupación por los recortes en la entidad y la politización de la salud pública. La Casa Blanca, por su parte, ofreció una versión diferente, afirmando a través de un portavoz que Monarez “fue despedida porque no dimitió después de haberle informado al liderazgo del HHS sobre su intención de hacerlo”, subrayando su oposición al gobierno de Donald Trump. La situación ha sumido a la agencia en un estado de caos, con organizaciones médicas advirtiendo sobre un manejo incierto de la salud pública en el país.
En resumenLa abrupta destitución de la directora de los CDC, Susan Monarez, tras su choque con la Casa Blanca por directrices sobre vacunas, ha provocado una ola de renuncias y ha intensificado las acusaciones de que la administración Trump está politizando la ciencia y la salud pública, generando una profunda crisis institucional en la agencia.