Tras el trágico tiroteo en una escuela católica de Minneapolis que dejó dos niños muertos, la administración Trump respondió ordenando que las banderas ondearan a media asta. El ataque ha cobrado una dimensión política adicional, ya que los escritos del tirador incluían mensajes de odio contra el presidente, reflejando el crispado ambiente social del país. El 27 de agosto, Robin Westman, de 23 años, abrió fuego contra la iglesia de la Escuela Católica de la Anunciación durante una misa escolar, asesinando a dos niños de 8 y 10 años e hiriendo a otras 17 personas antes de suicidarse. La investigación posterior reveló que Westman, exalumno de la escuela, había publicado videos en YouTube y dejado un manifiesto con mensajes extremistas. Entre ellos, se encontraron inscripciones en un cargador de rifle que decían “Donald Trump RIP” y “¿Dónde está ahora tu jodido Dios?”, lo que llevó al FBI a investigar el ataque como un acto de terrorismo doméstico y un crimen de odio.
La respuesta del gobierno federal fue inmediata.
El presidente Donald Trump, tras ser informado, ordenó que las banderas en todos los edificios públicos ondearan a media asta hasta el 31 de agosto en honor a las víctimas. Además, se comunicó por teléfono con el gobernador de Minnesota, Tim Walz, y publicó un mensaje en su red social Truth Social pidiendo oraciones por los afectados.
El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, lamentó la tragedia, declarando que “estos niños estaban literalmente rezando”. El incidente, siendo el tiroteo escolar número 44 del año, reavivó el debate sobre el control de armas en un contexto de profunda división política.
En resumenLa respuesta de la administración Trump al tiroteo en Minneapolis incluyó gestos institucionales como la orden de izar las banderas a media asta. Sin embargo, el hecho de que el atacante expresara odio hacia el presidente en sus escritos subraya cómo la violencia masiva en Estados Unidos se entrelaza con una intensa polarización política.