Casos como el brutal asesinato de una mujer trans en Bogotá y el intento de quemar viva a otra dentro de una estación de policía en Medellín evidencian los crímenes de odio y la vulnerabilidad de esta comunidad. En la localidad de Engativá, en Bogotá, una joven trans de 20 años identificada como Catia fue asesinada brutalmente en la madrugada del 2 de enero. Según las primeras versiones, dos hombres en motocicleta la interceptaron y uno de ellos la golpeó repetidamente con un madero grueso hasta causarle la muerte.

Las autoridades no descartan que se trate de un crimen motivado por prejuicio. Este hecho se suma a otro grave incidente ocurrido en Medellín, donde un grupo de internos de la estación de policía de Altavista habría provocado un incendio con la intención de atentar contra la vida de una mujer trans de nacionalidad venezolana que se encontraba detenida. Además, en el Oriente antioqueño se reportó el homicidio de Yuliza Orozco, una mujer trans hallada con impactos de arma de fuego, elevando a siete el número de mujeres trans asesinadas en Antioquia durante 2025. Estos ataques han generado un llamado urgente por parte de organizaciones sociales y defensores de derechos humanos para que se garantice una investigación célere y se haga justicia, en un contexto de creciente preocupación por la violencia contra las personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas.