La captura de una red de corrupción integrada por funcionarios de la Policía, el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) y el Inpec ha expuesto graves vulnerabilidades en el sistema de justicia colombiano. Esta estructura criminal cobraba millonarias sumas de dinero por filtrar información reservada y direccionar procesos judiciales, afectando directamente el derecho a la justicia y el principio de legalidad. La Fiscalía General de la Nación informó de la captura de nueve presuntos integrantes de la red, entre ellos cuatro funcionarios de la Policía Nacional, dos servidores del CTI y tres exintegrantes del Inpec.
Las detenciones se llevaron a cabo en Chiquinquirá (Boyacá), Bogotá, Pereira y Granada (Meta).
Según la investigación, la banda operaba desde al menos 2014 y se dedicaba a cobrar sobornos de hasta 1.000 millones de pesos para manipular procesos judiciales, principalmente relacionados con lavado de activos. Sus servicios ilícitos incluían la entrega de información reservada de expedientes, el direccionamiento de las investigaciones y el bloqueo de decisiones judiciales clave, como las relacionadas con la extinción de dominio. Esta práctica no solo socava la confianza pública en las instituciones encargadas de impartir justicia y garantizar la seguridad, sino que también crea un sistema de impunidad para quienes pueden pagar por ella, vulnerando el derecho fundamental a un debido proceso y a la igualdad ante la ley.
En resumenEl desmantelamiento de esta red de corrupción judicial revela una profunda infiltración criminal en instituciones clave del Estado. Al vender justicia al mejor postor, estos funcionarios no solo cometieron graves delitos, sino que también erosionaron los cimientos del estado de derecho, promoviendo la impunidad y negando el acceso a la justicia para la ciudadanía.