El sistema de salud colombiano enfrenta una profunda crisis financiera que amenaza el derecho fundamental a la salud de millones de ciudadanos. La controversia por el insuficiente aumento de la Unidad de Pago por Capitación (UPC) para 2026 y la suspensión de la entrega de medicamentos por parte de Colsubsidio a la Nueva EPS son síntomas de un posible colapso. El Gobierno Nacional fijó un incremento de la UPC del 9,03 % para el régimen contributivo y del 16,49 % para el subsidiado. Sin embargo, agremiaciones como Acemi, la ANDI y Afidro, junto con asociaciones de pacientes, calificaron el aumento como “de lejos insuficiente” y advirtieron que profundiza la crisis.
Según sus cálculos, se requería un incremento mínimo del 15,6 % para cubrir los costos crecientes, lo que deja al sistema operando en sobregiro y con un déficit millonario.
La consecuencia más inmediata de esta desfinanciación es la decisión de Colsubsidio de no continuar con el contrato de dispensación de medicamentos a 1,6 millones de afiliados de la Nueva EPS a partir del 1 de enero de 2026. Esta medida ha generado incertidumbre y denuncias de pacientes que ya reportaban entregas incompletas y ahora no tienen claridad sobre dónde reclamar sus tratamientos.
La Defensoría del Pueblo emitió una alerta por la posible interrupción masiva de servicios y la falta de información clara sobre las rutas de transición para los afectados. Críticos señalan que la crisis en la Nueva EPS, entidad intervenida por el Estado, es una muestra de lo que podría ocurrir en un sistema de salud completamente público.
En resumenLa desfinanciación del sistema de salud, evidenciada en el polémico aumento de la UPC y la ruptura de contratos clave para la entrega de medicamentos, pone en grave riesgo el derecho a la salud de los colombianos. La situación amenaza con generar interrupciones masivas en los servicios y mayores barreras de acceso a tratamientos, lo que ha sido calificado por asociaciones de pacientes como una potencial “catástrofe humanitaria”.