La violencia contra las mujeres sigue siendo una grave violación de derechos humanos en Colombia, con múltiples casos de feminicidio reportados a finales de 2025 e inicios de 2026. Crímenes como el de Kelly Echeverry en Anorí (Antioquia), perpetrado en vía pública, evidencian la brutalidad y la indiferencia social que aún rodean estos hechos. El asesinato de Kelly Echeverry, de 25 años, a manos de su presunta pareja sentimental, fue grabado por transeúntes, lo que generó una fuerte condena por parte de la Alcaldía local, que declaró: “no fue un accidente, fue violencia, fue indiferencia, fue un feminicidio”.
El presunto responsable se entregó horas después.
Este caso se suma a otros crímenes atroces: en Valledupar, Giovanni Andrés Fuentes Salcedo confesó haber asesinado y enterrado a su compañera sentimental, Natalia Castrillo Benjumea; en Pasto, una mujer fue asesinada por su vecino; y en Betulia, Antioquia, un hombre fue capturado por el feminicidio de su pareja después de la noche de Navidad. La violencia también afecta a la comunidad trans, como lo demuestra el asesinato de Yuliza Orozco Orozco en el Oriente antioqueño, la séptima mujer trans asesinada en el departamento durante 2025. Las organizaciones de derechos humanos advierten que el riesgo de violencia de género aumenta durante las festividades de fin de año debido a factores como el consumo de alcohol y las presiones económicas en el entorno familiar. El departamento del Quindío, por su parte, cerró el 2025 con siete homicidios de mujeres.
En resumenLos feminicidios de Kelly Echeverry, Natalia Castrillo y otras mujeres en distintas regiones del país demuestran la persistencia de la violencia de género. Estos crímenes, a menudo perpetrados por parejas o exparejas, exponen la necesidad urgente de fortalecer las rutas de protección y de combatir la indiferencia social ante estas agresiones.