Su muerte ocurre tras haber denunciado públicamente hostigamiento y persecución por parte de sus colegas.
La funcionaria fue hallada sin vida en su apartamento junto a su bebé de dos meses, quien sobrevivió y fue puesto bajo protección del ICBF.
Las autoridades investigan las causas, manejando hipótesis de suicidio o sobredosis, especialmente tras el hallazgo de 26 papeletas de cocaína en el lugar. Sin embargo, el caso ha trascendido la investigación forense para poner el foco en el ambiente laboral que rodeaba a la jueza.
Polanía, conocida mediáticamente por su estilo de vida y polémicas en redes sociales, había denunciado ser víctima de "acoso laboral" y "bullying por parte de varios magistrados de Cúcuta".
En entrevistas pasadas, entre lágrimas, afirmó: "Lo que yo viví estos días no se lo deseo a nadie".
Incluso, dejó audios que hoy resuenan con crudeza: "Si a mí me llega a pasar algo, es culpa de él", refiriéndose a una persona con la que tenía conflictos. El abogado y defensor de derechos humanos Carlos Ramos reflexionó sobre la "doble moral en estado puro" de una sociedad que "se sonroja por una jueza que se empelota, pero agacha la cabeza cuando un juez se vende", y cuestionó el rol de las instituciones judiciales que, en lugar de protegerla, parecieron "exhibir y condenar". La muerte de Polanía, por tanto, se convierte en un caso emblemático que exige una investigación no solo de su deceso, sino también del entorno de hostigamiento que ella misma expuso.













