Los casos incluyen feminicidios, agresiones brutales y abuso sexual por parte de funcionarios públicos. En Soacha, Keverlin del Carmen Nieves, de 26 años, fue asesinada a puñaladas por su pareja sentimental durante la celebración de la Noche de Velitas, presuntamente frente a su hija de 9 años. En Bosa, Bogotá, Kimberlyn Paola Suárez Castro, una joven venezolana de 19 años, fue asesinada a tiros por un sicario en un parque público, en un crimen que las autoridades investigan como un posible ajuste de cuentas. En Baranoa, Atlántico, Lisseth sufrió una golpiza brutal por parte de su pareja que la dejó en estado grave, pero las autoridades tardaron tres días en reaccionar a pesar del evidente riesgo de feminicidio. Adicionalmente, se conoció el caso de Selena Monsalve, una vigilante de 23 años en Soacha, quien denunció a un inspector de Policía por agresión sexual, presentando como prueba un video donde se observan los tocamientos y el acoso.

La víctima afirmó que el comportamiento era repetitivo y que otras compañeras también habían sido acosadas. Estos hechos, ocurridos en un corto lapso, ilustran las diversas formas de violencia que enfrentan las mujeres: desde la violencia feminicida en el ámbito de la pareja y el crimen organizado, hasta el acoso y abuso sexual perpetrado por quienes deberían protegerlas. Las denuncias de las víctimas y sus familias apuntan a una reacción tardía e insuficiente de las instituciones de justicia y protección, lo que perpetúa un ciclo de impunidad y riesgo.