La región del Catatumbo, en Norte de Santander, sigue siendo un epicentro de graves violaciones a los derechos humanos, donde la población civil vive bajo la constante amenaza de grupos armados. Aunque se registraron gestos humanitarios como la liberación de secuestrados, la violencia estructural y los ataques indiscriminados persisten, configurando una crisis prolongada. Recientemente, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) liberó a 28 personas que mantenía secuestradas en la zona, entre ellas cinco menores de edad, quienes fueron entregados a una comisión humanitaria. Si bien este acto es un paso positivo, no opaca la realidad de una región donde el secuestro, el reclutamiento forzado y los enfrentamientos son parte de la vida cotidiana.
La violencia sigue imperando, como lo demuestran otros hechos.
En la zona rural de Tibú, la comunidad denunció el sobrevuelo constante de drones con explosivos; uno de ellos cayó e hirió a tres integrantes de una familia, evidenciando el uso de tácticas que ponen en riesgo indiscriminado a los civiles. La Corte Constitucional, al analizar la situación, ha señalado que la crisis del Catatumbo revela un fenómeno nacional de reconfiguración del conflicto. La disputa por el control territorial y las economías ilícitas entre el ELN, disidencias de las FARC y otros grupos armados, mantiene a las comunidades en un estado de confinamiento y desplazamiento. Líderes sociales de municipios como El Tarra han reportado el desplazamiento de varias familias debido a la escalada de violencia, que en los últimos días ha dejado al menos siete muertos. La situación exige una intervención integral del Estado que vaya más allá de la respuesta militar y aborde las causas estructurales del conflicto, garantizando la protección de los derechos fundamentales de la población.
En resumenA pesar de la liberación de secuestrados por parte del ELN, la situación de derechos humanos en el Catatumbo sigue siendo crítica. La persistencia de la violencia, el uso de armas no convencionales y el desplazamiento forzado demuestran que la población civil continúa siendo la principal víctima de un conflicto armado que se reconfigura y se intensifica, demandando una acción estatal urgente y efectiva.