Los menores rescatados tienen nacionalidades estadounidense, guatemalteca y canadiense.
La secta Lev Tahor, que significa "corazón puro" en hebreo, es conocida internacionalmente por sus prácticas extremistas y ha enfrentado múltiples acusaciones en países como Estados Unidos y Guatemala por delitos graves, incluyendo secuestro, abuso infantil y explotación sexual.
Varios de sus líderes han sido condenados por estos crímenes. Tras el operativo, los 26 miembros de la secta fueron trasladados a un Centro de Servicios Migratorios en Medellín, donde los menores quedaron bajo la protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) para garantizar la restitución de sus derechos. Alfredo Goldschmidt, rabino de la comunidad judía en Colombia, calificó al grupo como "unos locos" y "criminales" que son "absolutamente rechazados por todo el judaísmo organizado", y explicó que sus prácticas incluyen forzar matrimonios entre menores y adultos. El caso ha puesto en evidencia posibles fallas en los controles migratorios y la intención de la secta de establecer una nueva base en Colombia.













