La violencia no se detiene, como lo demuestran casos recientes.

En Pradera, Valle del Cauca, una reconocida lideresa social fue asesinada por su expareja sentimental con un objeto cortopunzante. Con su muerte, ya son 15 los líderes asesinados en ese departamento en lo que va de 2025. En Támesis, Antioquia, un comerciante y líder social fue asesinado con impactos de arma de fuego en su vivienda, rompiendo una racha de dos años sin homicidios en el municipio.

Su hermano era un conocido activista contra la minería.

Estos crímenes reflejan la alta vulnerabilidad de quienes defienden los derechos humanos, el medio ambiente o simplemente ejercen un liderazgo comunitario en zonas disputadas por actores armados y economías ilegales. La falta de garantías de seguridad y la impunidad que rodea muchos de estos casos perpetúan un ciclo de violencia que socava la democracia y la construcción de paz en los territorios.