El atentado contra el senador de Cambio Radical, Temístocles Ortega, en el departamento del Cauca, subraya la grave situación de inseguridad que enfrentan los líderes políticos y la población en una de las regiones más conflictivas del país. El ataque armado, del cual el exgobernador salió ileso, pone en evidencia la fragilidad de los esquemas de protección y la audacia de los grupos criminales que operan en la zona. El hecho ocurrió en la madrugada del 14 de noviembre en el sector de El Túnel, a la entrada de Popayán, cuando la camioneta de la Unidad Nacional de Protección (UNP) en la que se movilizaba fue interceptada por dos vehículos.
Hombres con armas largas y cortas dispararon al menos seis veces contra el vehículo.
La pericia del conductor permitió evadir el ataque y escapar de una persecución que se extendió por quince minutos. Ortega denunció que había solicitado un refuerzo de su esquema de seguridad a la UNP sin obtener respuesta, lo que agrava la responsabilidad institucional. Este suceso no es un hecho aislado; ocurre en un contexto de escalada de violencia en el Cauca, con ataques a estaciones de policía y la instalación de retenes ilegales por parte de disidencias de las FARC. Además, se suma a un atentado similar contra el gobernador de Arauca, Renson Jesús Martínez, días antes, mostrando un patrón de ataques contra altos funcionarios.
En resumenEl ataque contra el senador Ortega es un alarmante recordatorio de las persistentes amenazas contra la democracia y el ejercicio político en Colombia. El incidente exige una revisión urgente de los esquemas de protección y una estrategia de seguridad integral por parte del Estado para contener la violencia de los grupos armados en regiones críticas como el Cauca.