Una serie de atentados sistemáticos contra funcionarios del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (INPEC) ha generado una grave crisis de seguridad, con un saldo de varios guardianes asesinados y heridos en distintas ciudades del país, lo que ha llevado a la Defensoría del Pueblo a solicitar la declaratoria de emergencia carcelaria. En menos de una semana se han registrado múltiples ataques. En Cartagena, el dragoneante Juan Camilo Palacios Figueredo fue herido con dos impactos de bala al salir de su turno en la cárcel de Ternera. En Cali, fue asesinado el dragoneante Jimmy Flórez Salazar, crimen que las autoridades vinculan a amenazas previas de cabecillas como ‘Pipe Tuluá’, ‘Dimax’ y ‘Chinga Pipe’.
Otros atentados se reportaron en Palmira, donde murió el dragoneante Manuel Antonio Becerra Parra, y en Bogotá, donde un ataque frente a la cárcel La Modelo dejó un funcionario muerto y tres heridos.
La Unión de Trabajadores Penitenciarios (UTP) ha calificado la situación como una “masacre sistemática”. Las investigaciones apuntan a que los ataques son una retaliación de grupos criminales por los operativos contra la extorsión en las cárceles. Fuentes de inteligencia señalan que alias ‘Pipe Tuluá’ estaría ofreciendo hasta 5 millones de pesos por asesinar a guardianes para presionar su traslado a una cárcel de menor seguridad.
Como respuesta, el INPEC realizó un megaoperativo en 123 cárceles, incautando más de mil celulares, armas y estupefacientes. Además, el Gobierno evalúa permitir que los guardianes porten sus armas de dotación fuera de servicio y ha ofrecido recompensas de hasta 50 millones de pesos por información sobre los responsables.
En resumenUna ola de asesinatos y atentados contra funcionarios del INPEC, atribuida a un 'plan pistola' de bandas criminales, ha generado una crisis de seguridad. En respuesta, la Defensoría del Pueblo pidió declarar la emergencia carcelaria, mientras el Gobierno realiza megaoperativos y evalúa permitir el porte de armas a los guardianes fuera de servicio.